Etiquetas

, , , , , ,

Yo te saludo padre, desde algún escenario 
que tu andariega planta habrá pisado ya. 
Un sincero recuerdo, en un sincero abrazo, 
unos minutos antes de salir a viajar. 

Yo te debo bastante y sé bien qué te debo; 
quisiera devolverte siquiera la mitad. 
Somos tan diferentes y, sin embargo, puedo 
decir que somos trigo, que amasa el mismo pan. 

Como el hombre salimos al negro y al silencio 
de una sala repleta que nos viene a besar; 
territorio plagado de intrigas y misterios 
que, como los que sufren, debemos conquistar. 

Y ese arte que se nos sube al estribo del alma, 
ese arte que nos llama, ese arte que es verdad; 
qué ganas tengo, padre, de ponerme su rabia, 
de subirme a su barco y con tu navegar. 

Pero hay rosas que nunca terminan de cortarse 
y aunque mucho lo intentes, no las puedes lograr; 
porque tienen espinas y temes lastimarte 
y entonces “son más bellas prendidas al rosal”. 

Tú bien sabes, padre, que no soy un conforme, 
pero es largo el camino y acabo de empezar. 
Estoy regando el árbol y he de esperar que brote 
para que pueda una día su sombra derramar. 

Y bien, querido padre, llegamos al final
y aún quedan más compases que quisieran sonar, 
pero somos de tiempo y él impone su norma 
y ha llegado la hora de salir a pintar.

Anuncios