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La escuela flamenca del siglo XV, desde Van Eyck, se caracteriza por la aplicación sistemática de pastas coloreadas que tenían como base el aceite y la resina. Los colores se disolvían en aceite de linaza o de nueces; en caliente se le añadían resinas duras (ámbar o copal) y por medio de los aglutinantes—en cantidades y calidades diversas—se podía regular la velocidad de secado de la pintura, permitiendo de esta manera un trabajo lento o rápido, según interesase. La distinta dosificación de disolvente proporcionaba, por un lado, la utilización de tintas fluidas y transparentes, aplicadas por medio de veladuras para obtener las luces (mediante la transparencia del yeso del fondo), para sombrear delicadamente, o para matizar el color del fondo; por otro lado, con escasas dosis de disolvente se podían obtener pastas densas que servían de fondo o acentuaban resaltes.

Los venecianos, por su parte, utilizaron durante los siglos XV y XVI unas resinas más suaves, en lugar de las duras empleadas por los flamencos, y unos aceites más depurados. Llegaron así a evitar la necesidad de la tabla, que como soporte de la pintura resultaba más pesado y rígido que la tela. De este modo se producía una liberación de los condicionamientos técnicos artesanos, la facilidad con que el pintor podía disponer de los colores y de la tela, es decir, de los materiales para pintar, favoreció no sólo la difusión y traslado de la pintura, sino la propia promoción social del artista: en efecto, arrinconados los procedimientos artesanales, adquiría una mayor importancia el magisterio personal de la mente (idea) y de la mano (toque). La obra dejaba ya de ser preciosa por si misma, es decir, por su consistencia material, y se apreciaba únicamente por su autor. De otro lado, el nuevo soporte, la tela, por su ligereza de peso y comodidad de embalaje, hizo posible un mayor número de encargos artísticos y un mayor consumo de las obras de arte.

Pero la innovación veneciana no se detiene en la sustitución del soporte y perfeccionamiento de la técnica al óleo (con el consiguiente abandono de la técnica mixta de temple para la capa inferior y de óleo para la superior de la escuela flamenca), sino que cambia también el sistema de aplicación del color. La pintura flamenca había buscado, como hemos visto, la transparencia y la luminosidad mediante el sistema de finas veladuras. Los venecianos, en cambio, introducen una ejecución más directa, de mayor rapidez; frente a las superficies pulidas y permeables a la luz de la. pintura flamenca, comienzan a interesarse por aplicación de colores rugosos y pastosos y pinceladas fuertes y densas, lo que permite apreciar ya el toque personal del artista. Más que la transparencia se busca la reflexión del color. Con el Tiziano se renueva la grafía pictórica; las pinceladas aparecen nítidas y la luz coincide incluso con el relieve del toque. Esta técnica va a ser ya la que se utilice en el periodo barroco.

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