Etiquetas

, , , ,

“Ha sido costumbre de toda la vida, yo no puedo tener las manos quietas, incluso la mierda la convierto en arte”, dice el maestro Armando Villegas como premisa que argumenta su vida artística reflejada en las 1500 piezas hechas por él y albergadas en su casa, que también es su lugar de trabajo. A sus 85 años de edad, a punto de celebrar los 86, se enorgullece de haber construido este taller con el paso del tiempo y con la pasión que abriga sus días curiosos. Lienzos, esculturas, pinturas de todos los tamaños y técnicas posibles hechas a pulso, reciben a sus visitantes con aire de orgullosa trayectoria. Las puertas de su casa siempre abiertas mientras él acostumbra a dar la bienvenida en compañía de uno de sus tres gatos, Martín, el filósofo, como suele llamarle. 

Peruano de nacimiento, el maestro Villegas hace parte del grupo selecto de artistas que dio lugar al periodo moderno de arte en Colombia: Alejandro Obregón, Guillermo Wiedeman, Eduardo Ramírez Villamizar, Enrique Grau y Fernando Botero. Fue en aquel entonces donde el maestro Villegas comenzó a ser reconocido, no solamente por su talento artístico, sino por ese carácter crítico que llevaba en su obra y su personalidad, que lo diferenció de los demás. “Ninguno de ellos fue contestatario. A Alejandro Obregón cuando le ponían un micrófono decía: el artista pinta, no habla. Wiedeman, como alemán que era, tenía dificultad para hablar español y no se comunicaba bien y tampoco tenía pedagogía para enseñar. Después viene Ramírez Villamizar quien se frustró con el asunto de la arquitectura y se dedicó a pintar, pero se dedicó a pintar en silencio”, dice Villegas al respecto.

Un arte que denuncia. Eso es lo que lleva al maestro Villegas a encontrar sentido en cada obra que añade a la colección de su taller. Quizás sea cierto eso de que el concepto de arte contiene miles de definiciones subjetivas, no solo para cada artista, sino para el público que ha de observarle. Sin embargo, en ocasiones su trasfondo tiene argumentos mucho más complejos que han sido banalizados para dar sentido a propuestas de carácter comercial. Y quién mejor que el mismo artista para encontrar la manera de argumentar lo que muestra a través de su obra, lástima que algunos se limiten y les dé igual quedarse callados.

¿Qué significa el artista para la sociedad?

Ahora bien, si nace de opiniones subjetivas y cada cual lo define a su parecer entonces ¿qué significa el arte para las sociedades contemporáneas? ¿Cómo se define el artista de hoy?

Armando Villegas observa el arte como aquella voz que grita entre estéticas una parte de la cultura de un pueblo, de un país. Un arte representado en diversos objetos, técnicas y épocas específicas que puede dictar al mundo modelos de vida que se desarrollan en cada sociedad, en determinado contexto social y período cultural. “Por eso es que yo cultivo, justamente, mi lenguaje materno, mi lenguaje primario, mi lenguaje milenario. Eso me sostiene a mí y me garantiza, me sustenta”, afirma el maestro.

Para Villegas el legado de su obra no es solamente el material físico de cada composición, sino el significado y trascendencia que se encuentra detrás. Por ello considera que el arte en la contemporaneidad se ha convertido en muestra de talentos jóvenes que en muchas ocasiones han olvidado la raíz de su cultura para evocar emociones que al mostrarse al público, carecen de sustento y se convierten en un mercado banal. Esta ha sido una de las razones que lo ha impulsado a enseñar, disfruta de transmitir sus conocimientos a todas las generaciones interesadas abriendo las puertas de su casa y dando sentido al valor que tienen los años y la sabiduría. “Yo aconsejo a los jóvenes que se culturicen generalmente, que procuren arañar un poco el humanismo, toda suerte de conceptos que ahora hay muchos, que no se dejen llevar solamente por una línea de conducta, una línea amañada motivados por los requerimientos comerciales, esto gusta al público y solo se dedican a eso por ello. Es la ley de la menor resistencia”, dice Villegas.

Armando Villegas y su arte

El maestro Villegas se sienta en su trono, una silla medianamente alta con pedazos de pintura seca y el cojín desgastado y raído. Se acerca Martín, el filósofo, y se recuesta sobre su regazo para que le acaricie. Le escucha filosofar y atiende a su llamado, fiel seguidor de lo que predice, según el maestro. Han sido casi setenta años de vida artística en la que su aventura más grande todavía no termina. Una colección de 1500 piezas hechas a antojo, retratos de otros tiempos, estos y aquellos en una misma habitación. Una gigante habitación construida con el esfuerzo que adorna cada rincón y vista como ese grito armonioso que da brillo a sus visitantes. Un lugar mágico. 

A Villegas se le ha reconocido a nivel internacional por su obra Guerreros. Piezas que representan retratos imaginarios en un realismo fantástico, que son hoy parte de la iconografía plástica en Colombia. Cada uno de ellos es una abstracción de lo que significa luchar. Sus elementos no son propiamente armas que busquen eliminar contrincantes físicos, sino herramientas para encontrar significados del ser humano y su capacidad para batallar por sí mismo y contra las adversidades de la vida. “Cada uno de nosotros es un guerrero, todos salimos cada mañana a guerriar a perfeccionar con las experiencias. Yo me adiestré para ser retratista y en el camino del arte me encontré con estos personajes que son el sincretismo cultural dentro de lo que es América y lo que es Europa. Guerrero en los buses, en la calle, guerriando por batallar. Mis guerreros tienen una característica, nunca han cogido un arma contundente, son guerreros de la paz o vienen o van”, sustenta Villegas.

Como parte de su carrera, el maestro Villegas después de 60 años acaba de publicar un libro que se titula: “En la pedagogía y metodología de la enseñanza artística desde la escuela primaria”. Este libro es la muestra del valor que tiene la educación dentro de la comprensión del arte y sus distintas corrientes. Es un aporte a la introducción artística infantil porque como dice el maestro, “quien ama el arte ama el bien”.

¿A qué le teme Armando Villegas?

Temo de lo que vaya a obstaculizar mi trabajo diario, permanente. Un amigo, un crítico colombo español decía que yo soy “trabajo alcohólico” (workaholic) porque yo nunca paraba de trabajar. Y ahora es igual.

¿Qué sueña Armando Villegas?

Sueños normales, afortunadamente no tengo pesadillas. Yo leo a veces hasta la una, dos y media de la mañana y hago anotaciones que me van a servir al día siguiente como una pauta para analizar cosas, conceptos y cuando vienen algunas personas interesadas en hablar de esto, manifestarle justamente lo que siento por el arte colombiano, su importancia y que hay una serie de falencias. Hay talentos jóvenes, pero necesitan instrucción, necesitan buena educación. Sueño con instruir y hacer que sean justamente fanáticos de la investigación y del estudio, porque esta cosa del arte no es algo que caiga así como la llama del espíritu santo, aunque podamos poseerlo desde el nacimiento pero hay que cultivarlo, no podemos dejarlo que crezca agreste, sino que hay que culturizarse.

 

¿Podría verse como un museo la casa de Armando Villegas?

Los museos de vez en cuando muestran su colección, a capricho, pero no de manera didáctica. Yo muestro lo que he hecho, lo que me hizo feliz y lo que no. Muestro una antológica, una gran colección. Es lo que uno ha hecho durante tantos años con todos sus errores, con todas sus cualidades y con todos sus hallazgos y no tiene por qué venir alguien y decirle “no maestro esto no lo puede exhibir porque no va con el conjunto”. Mi casa es más grande que un museo. Soy amante de la difusión artística. No sé si me equivoco en ese sentido, porque soy muy bocón, a veces mi señora me dice que soy medio bocón.

Tres grandes amores de Armando Villegas:

1. Mi hogar, mi esposa Sonia Guerrero.
2. Mis hijos.
3. Mis tres gatos que me acompañan: Pablo Picasso pero nadie le cree, Martín que es el filósofo de la familia, porque el filosofa cuando sueña y Plomo. Eso es Armando Villegas.

Anuncios